domingo, 2 de abril de 2017

Siete cosas que posiblemente no saben de mi: #2

He tardado más de lo que yo esperaba en escribir estas siete cosas, pero he estado muy ocupada. Además he estado reflexionando y no soy alguien que guarde grandes secretos y mi vida es bastante pública, al grado que, si gustan saber hasta qué cerveza estoy tomando, pueden enterarse a través de mi perfil público. Así pues, creo que esta lista de siete cosas será más interesante por los detalles detrás de cada cosa que por las cosas en sí mismas. Aquí les dejo la número dos:

#2 Me encanta no sólo el automovilismo, sino en general manejar autos

Yo aprendí a manejar a los 15 años y siempre he manejado autos estándar. Desde entonces entendí a los autos como una extensión de nuestras capacidades y no sólo como un armatoste. Cuando me subo a un auto y tomo el control voy sintiendo el camino, percibo el motor, y me hago consciente de que avanzo a una velocidad que va más allá de mis capacidades biológicas. 

Es por ello que admiro mucho a aquellos que se dedican al automovilismo: son personas que extienden esas habilidades pero al extremo. Durante mi adolescencia me tocó ver las batallas épicas de los pilotos de F1 Ayrton Senna Da Silva y Alain Prost. El primero era el dueño de la velocidad, y el segundo el genio de la estrategia y las curvas. Si pudiera hacerse un piloto híbrido de estos dos, hubiera sido el piloto de F1 perfecto. El amor por las carreras de autos me inspiró a estudiar ingeniería electrónica, pues mi sueño era trabajar en una escudería de F1 en el diseño de la electrónica de los autos de carrera. Obviamente no me dediqué a eso, pero sigo siendo fanática del automovilismo (aunque de televisión pues es un espectáculo muy caro).

Pero no todo en el auto es correr, sino también viajar: el auto nos permite escaparnos por carreteras a destinos placenteros, pero el trayecto puede ser igual o más placentero. Por ejemplo, yo tuve la oportunidad de manejar desde Dax, Francia, hasta San Sebastián España. Ese es uno de los viajes por carretera más bellos que he hecho en mi vida, pues el paisaje es un hermoso transitar a través de los Pirineos. 

Y bueno, además de todo, ahora los autos son también una belleza: nuevos modelos salen cada año con nuevas formas y diseños que logran conjuntar a la máquina con el entorno social y cultural. Es por eso que los autos se coleccionan, pues se convierten en piezas que reflejan un momento y un sentimiento en la vida de las personas. Hasta habemos quienes personalizamos a nuestros autos y les ponemos nombres, pues finalmente establecemos una relación simbiótica con ellos.

Es precisamente esta simbiosis algo que yo sólo puedo encontrar en un auto estándar. Odio los autos automáticos pues me siento sin control pleno del auto, especialmente de su máquina, y con ello pierdo el chiste del manejo para acabar, ahora si, simplemente subiéndome a un armatoste. Así pues, si quieren verme molesta e incómoda, pónganme a manejar un auto automático.

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