lunes, 11 de julio de 2011

A dos años...

Hoy se cumplen dos años desde que me asumí como una mujer transgénero de tiempo completo. En lo personal ya no pienso mucho en lo que ha sido este proceso de transición y mejor me enfoco en ver hacia adelante, tanto en mi vida personal como en lo profesional. Hasta ahora puedo decir que por medio de esta actitud positiva he logrado grandes avances y cada día mi panorama se ve más alentador.

Esta actitud no ha sido fácil de asumir, pues ha significado tener que dejar de lado la actitud de mártir que solemos asumir las personas transgénero ante nuestras vicisitudes, así como alejarme de las situaciones que tienen el potencial de generar drama. Creo que ya he vivido suficiente drama en mi pasado como para permitirme seguir viviendo ese drama ahora que finalmente estoy viviendo la vida que quiero vivir. Me he asumido bajo el signo de la autodeterminación, en donde soy producto de mis propias capacidades y mis propias decisiones, y no producto del destino o de los ideales que algún ser supremo pudiera tener para mi.

Ojalá mi experiencia sirva de algo a otras personas. Creo que este es buen momento para que la comunidad transgénero deje de lado la imagen de mártir y que olvide las malas experiencias que ha vivido en su pasado. No podemos seguirnos definiendo en base a los abusos que hemos vivido y, por el contrario, debemos definirnos ante la sociedad por lo que somos: personas de enorme valor y convicción. Creo también que este es buen momento para empezar a construir una verdadera comunidad trans que esté fundamentada en un activismo positivo. Debemos movernos con la inteligencia necesaria para entender nuestro entorno y contrarrestarlo mediante actitudes positivas que hablen de nuestras capacidades y no con actitudes que refuercen el estigma social que aún existe hacia nosotros. Este es el momento mostrar más nuestro cerebro y menos nuestras tetas, y no porque enseñar nuestras tetas no sea una táctica efectiva, sino porque poco hemos mostrado nuestro cerebro.

Me gustaría ayudar más en la construcción de un ambiente de equidad para las personas transgénero en nuestro país. Sólo espero encontrar a los aliados y el tiempo para poder lograrlo sin tener que desatender lo que realmente me gusta de mi vida: hacer ciencia. Tal vez el activismo no sea para mi, pero espero poder transmitir mi deseo de lograr un activismo positivo a alguien que tenga el tiempo para llevarlo a efecto. Mientras tanto, seguiré trabajando en lograr un impacto en la ciencia por medio de mi investigación, y lo seguiré haciendo con el orgullo de ser una mujer transgénero.

sábado, 9 de julio de 2011

Disfrutando del mundo que no se acabó

Yo ya estaba muy hecha a la idea de que el mundo se iba a acabar y ¡chin!... no se acabo. Después de haberme mentalizado al encuentro con los dioses para la vida eterna en el paraiso, tuve que regresar a la vida mundana, ponerme las pilas, y seguir trabajando para poder subsistir. Es por eso que tuve que dejar un poco abandonado este blog. Pero, a manera de justificación, les puedo decir que la producción documental de este blog es inversamente proporcional a mi producción científica. Así pues, llegada la segunda mitad del año, ahora podré consechar todas las horas de esfuerzo impresas en la redacción de artículos para congresos que ya fueron aceptados y que entonces me permitirán (junto con mis alumnas y una colada) ir de viaje a Boston y posiblemente a Salamanca, España.

Pero el que no se hubiera terminado el mundo me llevó también a la reflexión de que hay cosas que deben vivirse antes de que venga algún ser supremo a aguarnos la fiesta. Y si de algo todo mundo está de acuerdo, es que el sitio en donde muchas de esas vivencias se pueden encontrar es en Las Vegas. Así pues, como regalo de cumpleaños, mi esposa y yo nos fuimos a la ciudad del pecado a celebrar. Ya llevaba yo tiempo dando lata con querer ir a Las Vegas, principalmente porque soy una amante de las grandes producciones y los grandes eventos (nada que ver con la oferta regiomontana basada entéramente en Renán Moreno y "La Nena" Delgado). Yo no podía partir de este mundo sin ver a las vedettes, al Cirque du Soleil en su máxima expresión (y no en las producciones itinerantes que aunque buenas tienen una producción limitada), así como olvidarme por un rato del rigor científico y permitirme asombrarme del ilusionismo y gran carisma de David Copperfield.

Y aunque antes de partir yo me había declarado como "no apostadora", la inevitable estimulación de los sentidos que uno recibe desde el instante que se baja del avión, finalmente lleva a caer en la curiosidad de apostar aunque sea un poquito de dinero. Yo afortunadamente no me hice adicta a estos juegos de azar con todo y que, en el balance final de nuestras apuestas, salimos ganando unos 20 dolares. Sin embargo, incluso los ratos frente a la maquinita tragamonedas (que ahora lo que tragan son billetes o vales electrónicos), se vuelven ratos reales de esparcimiento que creo es sano mientras uno sepa el momento adecuado para decir "hasta aquí".




Además de todo eso, Las Vegas ofrece una oportunidad inigualable para turistear: es muy agradable recorrer cada uno de los hoteles y ver las atracciones que cada uno de ellos ofrece, incluyendo su imagen particular (París, Luxor, Nueva York). Fue durante la turisteada que logré añadir a mi lista de "lugares visitados" a la segunda torre Eiffel que hay en este mundo (réplica de la original en París que visité en el 2000).

Así pues, Las Vegas resultó para nosotras todo y más de lo que habíamos escuchado. Si incurrimos en algún pecado, eso sucedió en Las Vegas y se quedó en Las Vegas. No estoy segura si este dicho igual lo apliquen las deidades supremas el día que finalmente decidan acabar con este mundo, pero igual no me importa pues he llegado a la conclusión que en este mundo es más divertido ser atea.