martes, 16 de noviembre de 2010

Reflexionando sobre la contracultura y la intolerancia


Viendo Easy Rider en la televisión el lunes pasado, la cual es un ícono del cine norteamericano, me puse a reflexionar sobre la contracultura y la intolerancia. Y es que pareciera que pasan las generaciones y supuestamente la sociedad progresa, pero en la realidad siempre se llega al mismo punto: la sociedad se ve "amenazada" por ideas "distintas" también denominadas (generalmente de manera despectiva) como contracultura. Con la aparición de este movimiento social, pareciera que se "justifica" la aparición de actos de intolerancia hacia aquellos que, más allá de buscar el caos social, simplemente buscan la libertad. En esa confrontación se han llegado a cometer verdaderos actos de barbarie por un lado, mientras que por el otro se tiende a encontrar refugio en modos de vida "alternativos" pero muy alejados de la tan anhelada libertad.

En mi reflexión no pude dejar de aplicar estas ideas a la sociedad actual en donde tantos tipos de "vida alternativos", tales como los asociados a personas LGTB, el ateismo, los chavos emos, o incluso aún el comunismo, que siguen siendo vistos como amenazas para la sociedad. Creo que puedo vivir en un mundo donde alguien no esté de acuerdo con estas "vidas alternativas". Lo que encuentro inaceptable son los actos de homofobia, transfobia, o cualquier medio de represión social contra quienes solamente buscan un poco de libertad. Si algo atenta contra la armonía de una sociedad son los actos de intolerancia y la violencia asociada a ella, pero lo peor es la cerrazón intelectual que se vive en muchos sectores sociales que prefieren ser factores inerciales cuando bien podrían ser factor de cambio.

La buena noticia es que no hay mal que dure mil años y, afortunadamente, esos grupos estáticos ya se están desmoronando.

P.D. Si no han visto Easy Rider, se las recomiendo ampliamente.

lunes, 1 de noviembre de 2010

El Halloween y las almas en pena


Entrada dedicada a
Jaime Campos quien personalmente me solicitó que escribiera más seguido en este blog. ¡Gracias Jaime! Prometo darme tiempo.


Desde mi época de estudiante en Chicago le tomé mucho cariño al Halloween. Creo además que este es un sentimiento generalizado entre la comunidad trans debido a la concepción social del evento.

Y es que en Halloween es socialmente aceptada la transgresión, entonces cualquiera puede dar rienda suelta a sus más alocadas fantasías para, por una noche, ser un superheroe, un personaje de la televisión o simplemente salir del closet por esa noche sin ser juzgado y por el contrario, ser acobijado por la aceptación social de "en esta noche todo se vale".

Es así como muchas personas trans aprovechan esa noche para liberarse y sacar del closet su verdadera identidad sin mayores riesgos que el ser recordados por el atrevimiento. Por lo menos eso fue lo que yo sentí en aquel Halloween de 1998 cuando por primera vez decidí expresar mi feminidad en público. Aún recuerdo toda la emoción y al mismo tiempo miedo que me causaba el salir a la calle y que la gente viera a quién realmente existía dentro de mi. Pareciera entonces que el Halloween era al único día en el que el mundo podía ver a mi verdadero yo y que una vez terminada la noche tendrían que conformarse con ver a la caricatura cotidiana correspondiente a un engaño permanente, pero socialmente aceptado.

Para mi esos días afortunadamente terminaron y ahora disfruto el Halloween como lo que debe ser: una noche de esparcimiento. Sin embargo, hay muchas personas que aún se encuentran en una situación en la que no les es posible ser aceptadas socialmente y aprovechan el Halloween como un día de liberación. Por ello, cada Halloween abro los ojos y miro a mi alrededor en busca de esas almas en pena...



Fotos de Halloween 1998 (izq.) y 2010 (der.)