sábado, 5 de agosto de 2017

Siete cosas que posiblemente no saben de mi: #7

Finalmente termino la lista de siete cosas con una entrega especial que me tomó mucho tiempo pensar y decidirme a escribir, pues refleja cuestiones personales. Sin embargo, creo que es el comentario más significativo y digno cierre de esta lista:

#7 Me rehúso a inscribirme a la heteronormatividad

Poniéndolo en palabras simples, aún no se ve reflejado mi cambio de identidad en mis papeles oficiales. Existen dos componentes principales para ello: (1) me da mucha flojera hacer un trámite burocrático que no me es indispensable y (2) me rehúso a inscribirme a la heteronormatividad.

Recientemente, Nayarit se unió a la precaria lista de estados de la república que cuentan con una ley de identidad de género, a través de la cual la comunidad trans puede ver reflejada su real identidad en papelería oficial. Este tipo de leyes son muy importantes para la comunidad trans pues les otorga certidumbre legal, a través de la cual se facilita el acceso a derechos fundamentales: acceso a un empleo, servicios médicos, etcétera. Además, contar con documentos legales que reflejen la identidad de las personas proporciona seguridad, pues disminuye las posibilidades de ser víctima de un acto de discriminación.

Ahora, en el párrafo anterior, utilicé las frases semi-optimistas "facilita el acceso" y "disminuye las posibilidades", pues la ley de identidad ni garantiza el acceso a derechos ni erradica la discriminación. Nuestra sociedad está centrada en apariencias y prejuicios, por lo que no importa qué documentos portemos, mucha gente no tendrá empacho en discriminarnos en base a si somos indígenas, personas de color (no güero), si tenemos tatuajes, o si somos parte de la comunidad LGBTI. Así pues, a mi me da coraje el que tengamos que luchar para crear leyes que nos permitan acceder a un escenario que sólo nos brinda un poco de certidumbre jurídica, y eso a través de una suscripción al régimen heteronormado hombre-mujer. Además, dicho proceso burocrático involucra no sólo el cambio del acta de nacimiento, sino el ir de puerta en puerta en distintas oficinas para "rectificar" nuestra identidad ante cada una de las entidades sociales.

Yo personalmente estoy muy peleada con la burocracia, pero afortunadamente no me es indispensable enfrentar el cambio de identidad pues logré el desarrollo profesional y social deseado a través de instituciones que están abiertas a la diversidad, que valoran mis capacidades y que me respetan y apoyan. Ya no hablemos de mi identidad de género, ni siquiera he tenido la necesidad de "legalizar" mi título de doctorado en el extranjero (supongo que el haber realizado mis estudios en Estados Unidos me da certidumbre vía el malinchismo). Lamentablemente, mi caso está muy lejos de ser la norma, y por ello creo que deberíamos estar trabajando más en acciones que permitieran abatir la discriminación paralelamente con los trabajos en materia legal.

Hacia donde deberíamos estar trabajando entonces es hacia una sociedad que rompa la barrera del género. Ya en el siglo pasado se dió un paso muy importante hacia el reconocimiento de los derechos de la mujer, y en este siglo se sigue trabajando hacia la plena equidad en cuestión de género. Yo creo que el siguiente paso será superar esa barrera y pensar en ahora romper la barrera del cuerpo. Ya lo mencioné antes en una presentación durante el Campus Party 2016: ya estamos viviendo una era de apropiación del cuerpo, en donde las modificaciones corporales (piercings y tatuajes) se están desmitificando para transformarse en reales representaciones de la identidad de las personas. Además, los avances científicos están a punto de darnos la oportunidad de recuperar capacidades perdidas por accidentes, y no pasará mucho tiempo para que nos sirvan para extender nuestras capacidades humanas. Será entonces que habremos vencido la barrera del cuerpo, tras la cual (o de manera simultánea) venceremos la de la mente.

Así pues, tenemos mucho trabajo por delante y quiero creer que mi rebeldía pudiera ser un acto de resistencia civil hacia la heteronormatividad. Recientemente un amigo me dijo que él pensaba en mi como una persona que trasciende el género: creo que a eso deberíamos aspirar todos.

viernes, 7 de julio de 2017

Siete cosas que posiblemente no saben de mi: #6

Posiblemente las anteriores no fueron novedad, pero esta seguro lo será:

#6 Efectivamente, Daniela era mi primera opción

Una de los pocos privilegios que tenemos las personas trans es que podemos elegir nuestro nombre. Cuando recién empezaba a definir mi identidad femenina y requerí de un nombre que estuviera acorde a mi nueva identidad para que las personas a mi alrededor pudieran identificarme, decidí llamarme Daniela. 

Así, fui Daniela durante la época en que vivía en Chicago, y la gran mayoría lo pronunciaba con acento Italiano: "Daniella", esto debido a la gran influencia que la comunidad Italiana tiene en esa ciudad. Es además curioso que años después tuve un tórrido romance con una Italiana llamada Daniella... pero eso es otra historia.

El nombre de "Daniela" siempre me gustó pero, al momento en que decidí vivir de tiempo completo como mujer y que el nombre se haría oficial y definitivo, ya no me pareció apropiado. Y es que, en mi lugar de trabajo ya había una compañera con ese nombre y un colega acababa de tener una hija a la que decidió también llamar Daniela. Así fue que decidí emprender una segunda búsqueda con variaciones al nombre, entre las cuales apareció "Dania".

"Dania" me encantó no sólo por la sutil referencia a mi nombre favorito, sino también porque mantenía cierta simetría con el nombre que mis padres me asignaron. Por si fuera poco, "Dania" además conserva una curiosa relación con los nombres de mis hermanas: todas con un sólo nombre y de sólo cinco letras.  "Dania" es un nombre poco común en nuestro país, pero con gran popularidad en otros. Hace pocos años, cuando estuve en Polonia, me enteré que "Dania" significa para ellos "Dinamarca". Así pues, "Dania" se convirtió en mi nombre y desde el 2009 la gente me conoce así, a pesar de que mis papeles digan otra cosa... pero eso es harina de otro costal.

lunes, 26 de junio de 2017

El animalista inhumano

Me permito reproducir este texto de Ignacio Blanco, publicado originalmente en La Gaceta, y con el que estoy totalmente de acuerdo. Por alguna razón ya no pude encontrar la referencia original, pero aquí se los dejo para su consideración. Si bien la temática está centrada en la cuestión taurina, bien pudiera aplicarse en otros contextos. Por ejemplo, me recuerda el comentario de alguien sumamente insensible que se atrevió a decirme en las elecciones en México de 2006 que "no podía permitirse que AMLO llegara a la presidencia, así tuvieran que matarlo". Y si bien yo no soy su seguidora, jamás desearía su muerte...
El animalista inhumano
Por Ignacio Blanco
Hace un año que falleció [el torero] Victor Barrio y hace unos días fue Iván Fandiño. También nos dejó en 2017 Adrián Hinojosa, un niño de 8 años, al que el cáncer interrumpió su inocente vida y cuyo deseo era ser torero. No puedo llegar a imaginarme el sufrimiento de unos padres enfrentados a la enfermedad y muerte de su hijo, azotados durante ese trance por los indeseables animalistas inhumanos, una nueva clase social que pretendiendo amor a los animales desean la muerte a los seres humanos.
Dijo Schopenhauer que el hombre, en el fondo, es un animal terrible y cruel, en referencia a que ese fondo queda oculto por la domesticación a que nos somete la educación recibida del entorno social en el que nos desarrollamos. Un entorno social que nos trasmite como pilar básico el respeto por los demás. El respeto a su vida y su integridad, pues el ser humano como ser social, requiere de la vida en comunidad para sobrevivir y desarrollarse. Una vida social que no puede basarse en la constante agresión para lograr objetivos personales, pues estos pueden ser más altos y se obtienen con un menor coste, cuando los mismos se logran mediante la colaboración voluntaria.
Este principio liberal, básico de nuestra civilización, parece no haber sido asumido por los animalistas inhumanos. Se extiende peligrosamente el deseo a la muerte del semejante para tratar de solucionar problemas o frustraciones personales, muy propio del darwinismo social, que estos fundamentalistas del derecho animal critican cuando se da en ámbitos no relacionados con el animalismo. La competencia entre especies ha desaparecido en el caso del ser humano y esta es la razón por la que el hombre evoluciona sólo contra sí mismo, pues no hay animal en el mundo que le plantee competencia alguna. Unos compiten por dinero, otros por fama, otros por alimento, otros por la defensa de los animales y en esta lucha, en algún momento, alguien rebasa la línea roja deseando la muerte del otro, símbolo extremo de competencia.
El ansia de protección de los animales y el deseo de que estos sean tratados dignamente es encomiable, pero sólo hasta el límite de la dignidad del propio ser humano. Algo que parece comienza a cuestionarse incluso en el ámbito penal, donde ya existen casos de condenas a penas de prisión por maltrato animal, algo que el propio Karl Marx consideraría una aberración. Esta extraña evolución del derecho penal de salón de té, podría llevar en breve a que se considere genocidio la actividad de los mataderos, que exista una policía local para constatar el trato que los hamsters reciben de nuestros hijos o se decrete el derecho a una renta social para palomas cuyo sustento no está asegurado en la ciudades actuales.
Vivimos una sociedad adormecida en una ensoñación de ausencia de dolor, esfuerzo o problemas, en la que nuestros deseos se convierten en necesidades y estas en derechos. Una sociedad en la que una lata de comida para gatos es más cara de una lata de atún para consumo humano. Una extraña sociedad que enloquece con sus animales domésticos a los que en ocasiones trata mejor que a sus propios hijos. Una sociedad que cree vivir un cuento de hadas, en la que como refiere Clarasó en su Asesino de la Luna «El ser humano es incomprensible para los otros seres humanos; solo algunos animales domésticos le comprenden. Pero estos no escriben sus memorias y no se sabe lo que piensan del hombre».
Es incomprensible como el supuesto amor a los animales lleva a algunos a ser peores personas. No hay sentimiento más despreciable que desearle la muerte a otro ser humano, pero el simplismo o la debilidad mental de estos indeseables, les lleva a aliviar sus frustraciones deseándole la muerte a un niño.
No soy aficionado al toreo, no lo comprendo, no disfruto con el espectáculo de la tauromaquia, asistí en una ocasión a una corrida y no me gustó, pero no me genera el completo rechazo que me producen las manifestaciones y actitudes de aquéllos, que considerándose amantes de los animales, le desean la muerte a otra persona y me produce asco cuando lo desean a un inocente niño de 8 años, que ni siquiera llegó a cumplir su sueño de ser torero.
Me pregunto quién respeta más al animal, ¿el torero o el animalista inhumano?. Esta pregunta sólo puede ser respondida desde la perspectiva del riesgo que asume cada uno en su propósito.
En este sentido, resulta evidente que es el torero quien respeta más al animal, pues es éste el que se expone a morir. No me imagino mayor respeto que ofrecer la vida en un propósito. Exponer tu vida, arriesgarte a no volver a besar a tus hijos, verlos crecer o amarlos, supone otorgar un poder al animal, que ningún animalista comprende. Supone elevar al Toro a la categoría de ser humano, cuando este puede acabar con la vida que presentas frente a sus astas. He tratado de imaginar que pretende el torero, y me resulta evidente que no es el hecho de la muerte del toro, si así fuera, no sería necesario exponer la vida en ello, bastaría con entrar en una finca con un fusil para lograr tal objetivo. Sin conocer a ningún torero, creo imaginar lo que lo mueve, es el propio hecho de exponerse a la muerte sin quererla, pero sin rechazarla, de experimentar la vida en ese hilo de tierra que la separa del avismo de la muerte, un territorio que pocos recorren, pero que se me antoja de una extraordinaria fuerza. En los entornos de seguridad en los que vivimos actualmente, en los que nadie asume ningún riesgo, todos los problemas han de sernos solucionados por otros, frente a esas aburridas vidas que parecen rodar todas sobre la misma huella, la tauromaquia se me antoja como uno de esos reductos en los que puede suceder cualquier cosa, hasta la muerte.
En el caso del animalista inhumano, resulta evidente que no respeta más al animal que el torero. El animalista inhumano no arriesga nada en su defensa. Su mayor esfuerzo es sentarse en el retrete y trolear desde una cuenta anónima de twitter con su iPhone anticapitalista, deseándole la muerte a un torero o a un niño. Si no arriesgas nada por la causa que defiendes ¿tiene esa causa algún valor, cuando el torero arriesga la vida en su lance con el toro?.
Son estos animalistas inhumanos, estos débiles mentales, los que en su incoherencia vital se oponen a la pena de muerte, dictada por un tribunal estadounidense, pero al mismo tiempo la desean a sus semejantes cuando son ellos el jurado de su propia causa animal.
Por otro lado, cuesta entender como pretenden estos animalistas inhumanos salvar al toro de lidia sin el toreo, pues estoy convencido de que estos animalistas inhumados no dedicarían un minuto al mantenimiento de estos formidables animales, salvo que sea con el esfuerzo y el dinero de otros.
En fin, como dijera Bertrand Russell «los animales son felices mientras tengan salud y suficiente comida. Los seres humanos, piensa uno, deberían serlo, pero en el mundo moderno no lo son, al menos en la gran mayoría de los casos» y los animalistas inhumanos nunca llegarán a serlo porque la vida de un ser humano nunca estará por debajo de la vida de un animal.

martes, 20 de junio de 2017

Siete cosas que posiblemente no saben de mi: #5

Hoy es un día especial y por ello aquí les dejo una entrada más en ésta lista...

#5 Hoy es mi cumpleaños... y de mis hermanas también

Un día como hoy llegaron al mundo "las gemelas" y, mientras todos estaba en el hospital recibiéndolas, yo estaba en casa de mi abuelita Yaya celebrando mis cinco años con un pastel cubierto de chocolate Carlos V derretido que ella me hizo. Esta historia es aún más romántica pues es de la época previa a los partos programados y los exámenes ultrasonido, por lo que la llegada de mis hermanas fue una sorpresa incluso para mi mamá. Y bueno, es por demás decirles que ese pastel se quedó grabado en mi mente como uno realmente mio, pues de allí en adelante hubo pasteles de cumpleaños para las tres hermanas pero con velas "#" y "#-5".

Ya en mi vida adulta independiente he tratado de mantener una costumbre en mis cumpleaños: celebrarlo en la playa o simplemente viajando a algún lugar especial. Sin embargo, el año pasado tuve la mala suerte que Conacyt me tuvo trabajando en la evaluación del programa de Doctorado del Cinvestav Monterrey, por lo que pasé mucho rato en la alberca pero con mi computadora trabajando. Una buena parte de esa solicitud la preparé en Puerto Vallarta. Éste año me volvió a tocar enfrentar otra evaluación, ahora para nuestra Maestría, por lo que no programé ningún viaje este año durante mi cumpleaños.

Afortunadamente ya terminé de preparar la solicitud y, mientras ustedes leen esto, yo me estaré tomando el día libre y al menos trataré de pasarla relajada, aunque la pachanga la dejaremos para el fin de semana en algún antro local 😄Pero, si desean enviarme sus buenos deseos, los recibiré gustosa desde hoy. Más gustosa estaré si además me dan un regalo 😂

sábado, 3 de junio de 2017

Siete cosas que posiblemente no saben de mi: #4

Esta lista pasará a la historia como la más larga en completar... y eso que sólo es de siete cosas. Lamentablemente he estado ultra ocupada y no había podido encontrar un momento para sentarme a escribir en este blog. Y, aunque sigo ocupada con un trámite de Conacyt, acaban de extenderme la fecha límite. Así que decidí darme un día para cargar baterias y aprovechar para desempolvar este blog. Entonces, aquí les dejo una cosa más que posiblemente no saben de mi...

#4 En gustos musicales, soy malinchista

Empecemos por decir que me gusta el rock en todas sus variedades (pop, dance, alternativo, punk) y musicalmente crecí en la época de los ochentas y noventas bajo la influencia de bandas como U2, Depeche Mode, Pet Shop Boys, R.E.M., Radiohead, Smashing Pumpkins y Nirvana. Éstas tres últimas para mi fueron quienes intentaron algo nuevo y que rompieron con el marasmo musical de los noventas de Britney Spears y las agrupaciones con niños bonitos y bailes coreográficos. Curiosamente esa bandas estuvieron lideradas por verdaderos genios musicales: Thom Yorke (aún al frente de Radiohead), Billy Corgan (aún dueño de Smashing Pumpkins como marca) y Kurt Cobain (a quien extrañamos muchísimo). Igualmente estas bandas influenciaron a otras con propuestas muy interesantes, tales como Garbage, No Doubt, Placebo y, más recientemente, Foo Fighters.

Otra cosa curiosa respecto a mi gusto a la música en Inglés es el hecho de que antecede mi dominio de ese idioma. Si bien siempre estuve en escuelas particulares donde se enseñaba Inglés, es bien sabido que eso no implica que uno llegue a dominar el idioma tras cursar la secundaria o preparatoria. Aún así, los ritmos y lo poco que podía entender de las letras fue suficiente para que quedara prendida de esa música.

De todas maneras no fui ajena a la escena musical en Español: la movida Madrileña me llevó a conocer a muy buenas bandas y músicos como Radio Futura, Nacha Pop, Alaska y Dinarama,  Mecano y Miguel Rios. La influencia en México no se dejó esperar y eso me llevó a descubrir a muy buenas bandas en el antiguo centro cultubar "El hijo del cuervo", en donde me tocó ver a Caifanes y a Santa Sabina antes de que fueran populares. A Santa Sabina los seguí hasta a toquines en los lugares más recónditos y populacheros del Distrito Federal, e incluso estuve presente en el concierto histórico en el que por última vez el Palacio de Los Deportes se llenó para ver un concierto de grupos de rock Mexicanos: tocó Caifanes, pero le abrió Santa Sabina (30 de Abril de 1993).

Sin embargo, el rock en Español me parece se apagó y, mientras tanto, muchas de las bandas Americanas e Inglesas de los 80's y 90's aún siguen activas y sacando música nueva, a veces de muy buena calidad. Así es como en la actualidad doy preferencia a la música en Inglés, especialmente ahora que puedo entenderla bastante bien, y es por eso que disfruto tanto ir a conciertos de todas esas bandas. La lista la pueden ver aquí. Ahora pretendo entrar en la nueva moda de los festivales, a la que era renuente, pero le daré una oportunidad en Noviembre pues muero de ganas por ver a Foo Fighters y a PJ Harvey en vivo.

Eso es todo por ahora. Espero pronto volver con la siguiente entrega de esta lista.

viernes, 14 de abril de 2017

Siete cosas que posiblemente no saben de mi: #3

Las dos entregas anteriores estuvieron dedicadas a cosas que me gustan. Ahora, les traigo algo que no me gusta...

#3 Odio los salones de belleza

Hace dos días andaba en Plaza Fiesta San Agustín y, aprovechando las vacaciones y que ya era justo, decidí ponerme uñas. Tuve la suerte de que pudieron atenderme sin cita por una cancelación... ¿o sería una desgracia?

Y es que, ya estando en medio del show, recordé por qué no suelo hacer este tipo de cosas más seguido: odio los salones de belleza. Y son varias las razones de ello:
  • Toma demasiado de mi precioso tiempo estar haciendo estas cosas. Unas uñas simples toman al menos un par de horas, de las cuales podría ahorrarme fácilmente una si yo me aplico Gelish en casa. Lo mismo me ahorro pintándome el cabello yo sola. Sé que no es lo mismo, pero la hora ahorrada es definitivamente más productiva.
  • Realmente soy simple en lo que respecta a mi cabello o a mis uñas: no me llama la atención nada estrafalario. De hecho, dejé de ser pelirroja no porque no me gustara sino por el esfuerzo requerido para mantener el cabello rojo.
  • Nunca he tenido una plática productiva en un salón de belleza, y eso me hace sentir fuera de lugar. Por favor, que esto no se entienda como un menosprecio a la gente que va a los salones de belleza: seguramente yo no he tenido la suerte de encontrarme con alguien afín y por eso no he disfrutado mi estadía en estos lugares. Sé que soy un bicho raro a quien la mala suerte siempre le acompaña y por ello paso horas en silencio esperando a que terminen conmigo y me liberen de mi encierro.
  • Nunca quedo conforme con los resultados, posiblemente porque tengo muy altas expectativas.
Mi odio a los salones de belleza es irónico pues, más de una vez me han preguntado en dónde tengo el mío, lo cual quiero pensar es un reflejo de lo fashion que soy y no del estereotipo que la gente tiene sobre las mujeres trans. 

Igualmente es rara mi animadversión por los salones de belleza pero no por los estudios de tatuaje, en donde me he pasado hasta cinco horas soportando un sufrimiento sin igual al que unas horas poniéndome uñas podría causarme. Supongo que tiene que ver con lo perene de éstas últimas pues, inevitablemente volverá a llevarme a ese sitio a soportar el mismo sentimiento de pérdida de tiempo que los salones de belleza siempre me acaban por provocar.

domingo, 2 de abril de 2017

Siete cosas que posiblemente no saben de mi: #2

He tardado más de lo que yo esperaba en escribir estas siete cosas, pero he estado muy ocupada. Además he estado reflexionando y no soy alguien que guarde grandes secretos y mi vida es bastante pública, al grado que, si gustan saber hasta qué cerveza estoy tomando, pueden enterarse a través de mi perfil público. Así pues, creo que esta lista de siete cosas será más interesante por los detalles detrás de cada cosa que por las cosas en sí mismas. Aquí les dejo la número dos:

#2 Me encanta no sólo el automovilismo, sino en general manejar autos

Yo aprendí a manejar a los 15 años y siempre he manejado autos estándar. Desde entonces entendí a los autos como una extensión de nuestras capacidades y no sólo como un armatoste. Cuando me subo a un auto y tomo el control voy sintiendo el camino, percibo el motor, y me hago consciente de que avanzo a una velocidad que va más allá de mis capacidades biológicas. 

Es por ello que admiro mucho a aquellos que se dedican al automovilismo: son personas que extienden esas habilidades pero al extremo. Durante mi adolescencia me tocó ver las batallas épicas de los pilotos de F1 Ayrton Senna Da Silva y Alain Prost. El primero era el dueño de la velocidad, y el segundo el genio de la estrategia y las curvas. Si pudiera hacerse un piloto híbrido de estos dos, hubiera sido el piloto de F1 perfecto. El amor por las carreras de autos me inspiró a estudiar ingeniería electrónica, pues mi sueño era trabajar en una escudería de F1 en el diseño de la electrónica de los autos de carrera. Obviamente no me dediqué a eso, pero sigo siendo fanática del automovilismo (aunque de televisión pues es un espectáculo muy caro).

Pero no todo en el auto es correr, sino también viajar: el auto nos permite escaparnos por carreteras a destinos placenteros, pero el trayecto puede ser igual o más placentero. Por ejemplo, yo tuve la oportunidad de manejar desde Dax, Francia, hasta San Sebastián España. Ese es uno de los viajes por carretera más bellos que he hecho en mi vida, pues el paisaje es un hermoso transitar a través de los Pirineos. 

Y bueno, además de todo, ahora los autos son también una belleza: nuevos modelos salen cada año con nuevas formas y diseños que logran conjuntar a la máquina con el entorno social y cultural. Es por eso que los autos se coleccionan, pues se convierten en piezas que reflejan un momento y un sentimiento en la vida de las personas. Hasta habemos quienes personalizamos a nuestros autos y les ponemos nombres, pues finalmente establecemos una relación simbiótica con ellos.

Es precisamente esta simbiosis algo que yo sólo puedo encontrar en un auto estándar. Odio los autos automáticos pues me siento sin control pleno del auto, especialmente de su máquina, y con ello pierdo el chiste del manejo para acabar, ahora si, simplemente subiéndome a un armatoste. Así pues, si quieren verme molesta e incómoda, pónganme a manejar un auto automático.